Varicocele en Guadalajara: dolor, una bolita o un análisis alterado

Evaluación y cirugía microquirúrgica de varicocele con urólogo y andrólogo.

Hay una vena dilatada arriba del testículo —como una várice, pero ahí— y se llama varicocele. La mayoría de los hombres llega a saber que la tiene por una de tres puertas.

La más común: una molestia. Una pesadez o un dolor sordo en el testículo, casi siempre del lado izquierdo, que aparece o empeora al final del día, después de estar mucho de pie o tras el esfuerzo, y que cede al recostarse. No es agudo, no es alarmante de golpe; es un fastidio que vuelve.

La segunda: una bolita. Usted, o quien lo revisa, palpa algo distinto —un abultamiento blando arriba del testículo, que a veces se describe como “una bolsa de gusanos”—. Eso asusta, y la primera pregunta es la correcta: ¿qué es y es peligroso?

La tercera: la fertilidad. Llevan un tiempo buscando un embarazo que no llega, un análisis de semen salió alterado, y al buscar la causa apareció el varicocele. Es una de las causas corregibles que con más frecuencia están detrás de un análisis de semen alterado.

Las tres puertas llevan a la misma pregunta de fondo: qué es esto, si requiere tratarse, y cuándo sí y cuándo no.

Soy el Dr. César Hermosillo, urólogo y andrólogo. El varicocele se opera de varias maneras, y la diferencia entre ellas no es menor: está en cómo se encuentra y se ata la vena dilatada sin dañar lo que corre junto a ella.

Arriba del testículo, en un espacio de pocos milímetros, la vena que hay que cerrar viaja pegada a la arteria que nutre al testículo y a los vasos linfáticos que lo drenan. A simple vista —o con lupa quirúrgica— es difícil distinguirlos con certeza. Yo opero el varicocele con técnica microquirúrgica subinguinal: bajo microscopio, con los vasos aumentados muchas veces su tamaño, identifico y respeto la arteria y los linfáticos, y cierro solo las venas que deben cerrarse.

Eso tiene dos consecuencias que al paciente le importan: menos recurrencia —porque se cierran las venas correctas, completas— y menos hidrocele, que es la acumulación de líquido que ocurre cuando se lesionan los linfáticos sin querer. La ligadura abierta y la laparoscópica son técnicas válidas y resuelven muchos casos; lo que ofrece el microscopio es precisión en ese espacio milimétrico, y por eso es la que yo realizo. Para la microcirugía utilizo el microscopio quirúrgico Kinevo 900S en el Hospital Ángeles Andares — la herramienta ayuda, pero el resultado lo da el ojo y la mano que la usan, no el equipo.

Y lo primero que ofrezco no es la cirugía. Es el criterio para saber si usted la necesita. No todo varicocele se opera: muchos se vigilan. Operar tiene indicación cuando hay dolor que no cede, cuando afecta los parámetros del semen en alguien que busca tener hijos, o cuando el testículo muestra signos de estar resintiéndose. Definir si su caso entra en esas indicaciones —o no— es el trabajo del especialista, antes que cualquier quirófano.

La varicocelectomía microquirúrgica subinguinal es una cirugía ambulatoria. Se hace con anestesia, a través de una incisión pequeña en el pliegue de la ingle, del lado afectado. Por ahí, bajo el microscopio, localizo el paquete de venas, separo lo que hay que respetar —la arteria, los linfáticos, el conducto— y cierro las venas dilatadas. No se toca el testículo: se trabaja por encima de él.

Entra y sale el mismo día; sale del hospital a las pocas horas, no se queda internado. Suelo recomendar programar la cirugía cerca del fin de semana, para que esos días sirvan de reposo y la mayoría pueda reincorporarse al trabajo o al estudio el lunes siguiente. A partir de ahí se mantiene un reposo relativo —sin esfuerzo físico fuerte ni ejercicio— durante unas dos semanas, y después se regresa a todas las actividades con normalidad.

La mejoría no es inmediata en todos los frentes. Las molestias de los primeros días se controlan con medicamento. El dolor, cuando era el motivo de operar, suele aliviar antes; los cambios en los parámetros del semen, cuando esa era la razón, tardan más, porque dependen del ciclo natural de producción del espermatozoide —del orden de meses, no de días—. Eso es esperable y no es señal de que algo vaya mal.

Lo que la cirugía corrige es la causa: cierra las venas dilatadas y reduce el reflujo de sangre que calienta y daña al testículo. A partir de ahí, lo que cada quien obtiene depende de por qué se operó.

Si operamos por dolor, la mayoría de los hombres nota alivio o mejoría de la pesadez. No le puedo prometer que desaparezca por completo en todos los casos —en una minoría el dolor persiste o tiene otra causa que conviene buscar—, pero el alivio es el resultado esperable y es la razón por la que operar el varicocele doloroso bien seleccionado vale la pena.

Si operamos por fertilidad, aquí tengo que ser claro: corregir el varicocele puede mejorar los parámetros del semen —concentración, movilidad—, y mejora la probabilidad de embarazo. Lo que no le voy a prometer es el embarazo. La fertilidad de una pareja depende de muchos factores, varios de ellos ajenos a usted y a su varicocele. Lo que la cirugía hace es quitar un obstáculo corregible; no garantiza el resultado final. Quien le prometa un embarazo le está vendiendo algo que la biología no firma.

Y si llegó por una bolita o un hallazgo y resulta que su varicocele no requiere operarse, ese también es un buen resultado de la valoración: saber que puede vigilarse y dejar de cargar la duda.

Lo que medimos en el seguimiento es concreto: cómo evoluciona el dolor, y —cuando aplica— cómo cambian los parámetros del semen en los análisis de control, que se repiten a los meses, no de inmediato. La expectativa real de su caso se la doy en la valoración, viendo lo suyo, no antes.

El primer paso no es la cirugía: es una valoración andrológica. En ella reviso su historia, exploro, y si hace falta me apoyo en un ultrasonido y en un análisis de semen cuando la fertilidad es parte del motivo. Con eso defino qué es lo suyo, qué tan importante es, y si conviene operar o vigilar.

De esa valoración puede salir una de varias rutas: cirugía microquirúrgica si su caso tiene indicación, vigilancia con seguimiento si todavía no la requiere, o el manejo que corresponda si encuentro otra cosa detrás de la molestia. No se agenda una cirugía: se agenda entender qué está pasando y decidir con criterio.

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