Disfunción eréctil en Guadalajara: cuando deja de ser un mal día y se vuelve la regla
Evaluación y tratamiento de la disfunción eréctil con un urólogo y andrólogo —de las primeras medidas a la solución definitiva cuando hace falta.
La primera vez lo atribuyó al cansancio, al estrés, a la copa de más. La segunda ya no fue tan fácil de explicar. Y para la tercera, la preocupación llegaba antes que el momento mismo: pendiente de si su cuerpo iba a responder, hasta que esa misma tensión se volvió parte del problema. Empezó a evitar la situación para no quedar mal. Y lo que al principio era cosa de una noche se convirtió en algo de lo que no habla con nadie.
No es falta de ganas, y rara vez es "nada más la edad". Una erección que dejó de responder casi siempre tiene una causa física que se puede estudiar —muchas veces es un tema de circulación—, y a veces se le suma lo que la ansiedad fue agregando encima. Eso tiene nombre, disfunción eréctil, y tiene tratamiento. Más de uno, de hecho. Cuál le conviene a usted depende de qué la está causando, no de un solo tratamiento para todos.
Soy el Dr. César Hermosillo, urólogo y andrólogo. La andrología es la rama de la urología dedicada específicamente a la salud sexual y reproductiva del hombre; me formé en ella con un fellowship en el Instituto Lyx, en Madrid, sobre una base de formación urológica que incluye, entre otras, Cleveland Clinic y la Fundación Puigvert, en Barcelona.
Lo menciono por una razón práctica, no de currículum. La disfunción eréctil no tiene un solo tratamiento: tiene una escalera, que va desde ajustes y medicamentos hasta la cirugía. La mayoría de los hombres se resuelve en los primeros peldaños. Pero cuando nada de eso funciona —cuando la disfunción es refractaria—, la solución definitiva es quirúrgica, y no todos los urólogos la realizan. Recorrer esa escala completa, de la primera pastilla a la prótesis cuando hace falta, es el terreno del andrólogo.
Por eso lo primero que ofrezco no es un procedimiento. Es un criterio: entender por qué su cuerpo dejó de responder y ubicar en qué peldaño está usted, para no quedarse corto ni saltar a una cirugía que quizá no necesita.
No hay un tratamiento único para la disfunción eréctil. Hay una escalera, y el trabajo de la valoración es ubicarlo a usted en el peldaño correcto: ni más arriba ni más abajo del que su caso necesita.
El primer peldaño no siempre es un medicamento. A veces la erección mejora atendiendo lo que hay detrás: la presión, el azúcar, el peso, el tabaco, el descanso. Esos mismos factores son los que dañan la circulación de la que depende una erección, así que corregirlos no es un consejo genérico: es tratamiento.
Las pastillas (inhibidores de PDE5) son, para la mayoría, el primer tratamiento farmacológico, y a muchos hombres les basta. Cuando no bastan —o no se toleran—, el siguiente recurso son las inyecciones (intracavernosas), un tratamiento que aplico y enseño a usar en casa, más directo que la pastilla y útil justo cuando la vía oral se queda corta.
Las ondas de choque sí las realizo aquí, en el consultorio, y son el peldaño donde más conviene hablar claro, porque es donde más se promete de más. No sirven para todos: son un tratamiento para la disfunción de origen vascular —cuando el problema es de riego sanguíneo— y se usan sobre todo como rescate en quienes ya no responden bien a las pastillas. No son una pastilla ni una inyección: es un esquema de seis sesiones, una por semana, que se combina con tratamiento oral diario. A quien sí las necesita, tiene sentido ofrecérselas; a quien no, se lo digo con la misma claridad. Ayudan a un grupo de pacientes, no a cualquiera, y el efecto puede atenuarse con el tiempo. Quien le prometa que las ondas de choque le resuelven la disfunción sin más, le está prometiendo de más.
La prótesis de pene es el último peldaño, y es la solución definitiva cuando lo demás ya no funciona: la disfunción refractaria. Es un implante que se coloca por cirugía —con un abordaje que prefiero peno-escrotal— y que devuelve la capacidad de erección de forma confiable. Hay más de un tipo de prótesis, y elegir cuál es parte del criterio, no un catálogo. La satisfacción reportada es alta; aun así, es cirugía y es un implante: se lo explico como lo que es, con lo que implica y lo que no, nunca como una promesa de volver a los veinte años.
Esa escalera completa es la razón de la valoración: no para venderle el peldaño más alto, sino para no dejarlo estancado en uno que ya no le sirve.
Cada peldaño de la escalera tiene su propia expectativa, y ninguna es "quedar como a los veinte". Las pastillas y las inyecciones funcionan mientras se usan: no corrigen la causa, la manejan. Las ondas de choque, cuando están indicadas, buscan mejorar la respuesta de forma gradual, no de un día para otro, y en una parte de los pacientes el efecto se atenúa y puede requerir refuerzo. Nada de esto es un fracaso: es cómo funciona de verdad cada opción, dicho antes y no después.
La prótesis es la que más preguntas de recuperación genera, así que aquí va concreto: es una cirugía con una noche de estancia; se sale con una sonda que suele retirarse alrededor de una semana, por comodidad más que por necesidad; la vida rutinaria se retoma cerca de las dos semanas y la actividad sexual, alrededor de las seis. La satisfacción que reporta la literatura con este tipo de implante es alta, y es una solución definitiva para la disfunción refractaria. Aun así se lo voy a decir completo: es un implante y es cirugía, y cambia la mecánica de la erección —resuelve la función, no le devuelve una erección idéntica a la de hace veinte años—. Esa conversación honesta es parte del procedimiento, no la letra chica.
Lo que no le voy a prometer es un resultado idéntico para todos ni un número exacto de antemano. Su circulación, la causa de fondo, el tiempo que lleva con esto y su estado general hacen que el pronóstico sea suyo, no del promedio. La expectativa real de su caso se la doy en la valoración, con lo suyo enfrente, no antes.
El primer paso no es un tratamiento: es una valoración andrológica. Su historia, una exploración, y los estudios necesarios para entender por qué su cuerpo dejó de responder —si es un tema de circulación, hormonal, de un medicamento que toma, de lo que la ansiedad fue agregando, o de varias cosas a la vez— y ubicar en qué peldaño de la escalera está usted.
De esa valoración sale una ruta pensada para su caso, no un paquete: pueden ser ajustes y medicación, puede ser un tratamiento como las ondas de choque si su problema es vascular, o puede ser la cirugía si la disfunción es refractaria y busca una solución definitiva. Muchos hombres no necesitan el peldaño más alto; el trabajo es saber cuál es el suyo.
No se agenda una cirugía: se agenda entender por qué dejó de responder, con alguien que trata esto todos los días y se lo va a decir con claridad.
Hospital Ángeles Andares, Zapopan (zona metropolitana de Guadalajara).


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